Hilda camino
de San Cristóbal
(manuscrito original, escrito a 4 manos por Hernán y Margiory)
La gran imaginación y destreza manual de Hilda Ramona, va
unida a una compasión infinita hacia todos los seres humanos que se
encontraban colocando su mercancía en
las vías públicas, en especial con los vendedores de chucherías hechas en casa
como: majarete, conservas, manducas, hallaquitas o a los expendedores de las
frutas de temporada.
El solo hecho de estar parado en una esquina, era motivo
para que Hilda se preocupara por esa persona
y expresara” que le pasara a ese señor o señora o niña, a lo mejor no ha
vendido nada.
A Mundo¡ es la expresion que precede a la orden perentoria de la mujer diciendole al hijo: Párate
Hernán, para comprarle alguna cosita a esa gente. Lógicamente, con esta filosofía, un paseo
o un viaje con Hilda se llevaba más
tiempo del normal y si el viaje era hacia San Cristóbal, las oportunidades de
ir encontrando a quien hacerle el bien, se ven multiplicadas, comprando en cada
pueblito, estación de gasolina o en sitio de parada.
El carro se iba llenando
de mangos, nísperos, naranjas, parchitas, mamones, lechosas, parchas,
chicharrones, morcillas, carne de cochino
……. y pare de contar. Ya en la maletera no cabía mas nada, de manera que
esas frutas, se desparramaban por el piso del noble “Acadian”. Los únicos que quedaban por fuera de las posibilidades de compra en este
literal “Amazon Vial” eran los
animalitos caseros como loros,
morrocoyes, monos y hasta un oso
hormiguero, que la gente sacaba a vender
como una oportunidad de ponerse en unos “churupitos”
Todo desplazamiento a San Cristóbal, se ve
coronado por un paso a la vecina población de Cúcuta, donde inevitablemente
teníamos que ir, pues, un viaje
de Hilda al Táchira, no estaba completo, sino satisfacíamos su pasión
por las manualidades.
Así que arrancamos temprano en la mañana, luego del respectivo desayuno,
rumbo a la frontera, iniciando con una
visita a la calle de las “cacharrerías”,
donde se abastecía de los elementos de goma para rematar las muñecas de trapo,
que están esperando en el cuarto de la
costura en Barquisimeto. Así sale HR, de las tiendas cargada de “caritas”, “manos” y “pies. Después de éstas
compras y de las que se hacían en el Hipermercado Ley y el gigantesco “Tia” del centro de la ciudad, emprendíamos el
regreso, ya cayendo la tarde, listos para abastecernos de Café Galaviz y Bocadillos Veleños , en los abastos ubicados en La Parada, poblado
cercano al Puente Santander.
Finalizamos la
compra y salimos a buscar a Hilda, encontrándola que venía muy contenta pues según comentó “ le había hecho
un favor a un pobre señor, que no había
vendido nada, comprándole toda la
existencia , de unos esos perfumes famosos que uds usan y así ya
tenía los regalos navideños,”. Y en señal de triunfo , sacó de la bolsa una
caja de “Don Paco” , marca en que la picardía del colombiano había trastocado a
“Paco Rabanne”









