Crimen y
Castigo 2
La que impone castigos, carácter y corrección
de las faltas a los locos bajitos de los Aguilar Vásquez, es Hilda,
dado que José Rafael, cuando ella le asigna esta faena, posterga de manera indefinida el
castigo usando una expresión que a todos
nos hace sonreír a escondidas: LA PROXIMA VEZ.
Sentada dándole con energía a un pedal gastado donde esta escrita la
palabra Singer, Hilda realiza simultáneamente 3 acciones con C mayúsculas (como
las actuales multitasking madres): Cocer, Cocinar y Controlar a los revoltosos.
Llega un momento en que la obediencia a las
ordenes repetidas de “aplacarse” se
desaparece y los 2 hermanos, que están armando el alboroto en la sala, reciben
un certero taconazo, enviado con absoluta puntería olímpica, desde la esquina de
la costura.
Un sábado con permiso de la Sra. uno de los
hijos, se fue en la mañana a la casa de un compañerito, cerca del elevado de pata e palo, para hacer
una tarea escolar.
Pasó el mediodía, lo invitaron a comer, siguió jugando y
llego el crepúsculo. Mientras, la atribulada madre, que había olvidado el
permiso dado, ya tenía el parte de localizar a su muchachito con los bomberos, la policía y hasta el hospital Central, se fue con su amigo el Dr
Méndez Rojas, en la Emergencia Pediátrica, pensando que algo le había ocurrido.
Semiderruida y bañada en llanto esta Hilda, rodeada por sus vecinas la Sra. Romero y Eloísa
Duran en la entrada del apartamento 1B, cuando divisa la delgada figura del supuesto extraviado. Quiebra
una rama de la acacia que está en el
frente y con ella apunta hacia las canillitas del hijo, y sin dejarle emitir ni una disculpa le dice:
Si no me
mataste del susto muérgano, me muero dándote una paliza por callejero

Cuál de los dos era Henry o Nelson
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